Imagina que estás parado justo en medio de un grupo de personas. Ahora imagina que ese grupo comienza a caminar hacia ti con prisa: te pasan por el lado, te empujan e incluso te pasan por encima, mientras tú no puedes moverte. ¿Qué pasa si ese grupo de personas no son personas, sino tus propios pensamientos? Así describe Cristal Barreto lo que significa, desde su experiencia, vivir con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Cristal Barreto es una joven de 23 años, estudiante del Departamento de Inglés que recibió sus diagnósticos de TOC y TDAH en la adultez, después de años intentando comprender experiencias y patrones que habían formado parte de su vida, sin tener necesariamente un nombre para ellos. Durante la semana de concientización sobre el TOC, Cristal nos comparte su historia para visibilizar lo que implica convivir con el TOC y el TDAH.
Durante la entrevista, Cristal recordaba cómo, cuando era pequeña, sus padres le resaltaban su inteligencia y sus talentos, y le decían lo especial que era. Lo cual la condujo a pensar que lo académico era su superpoder. “Yo me decía, yo solo tengo que dibujar en todas las clases, no le pongo atención al maestro y aun así paso. Eso lo hace todo el mundo, ¿verdad? En realidad, no”. Igualmente, mencionaba aquellos rasgos de TDAH que notaba en su infancia al mirar hacia atrás. “Yo siempre le decía a mi mamá que yo pensaba en mil cosas a la misma vez. Y pues yo pensaba que todo el mundo pensaba así, que todo el mundo tenía mil cosas que hacer, mil cosas en la mente a la misma vez y no se podían enfocar”. Barreto, traza de igual manera los primeros encuentros con los síntomas del TOC a su época en la escuela superior, “[…] cuando llegué a la high school fue que yo empecé a sentir el OCD set in […] Todo me daba miedo, todo me preocupaba. Me levantaba por las mañanas y vomitaba de lo ansiosa que yo estaba”.
A pesar de que ahora Cristal puede señalar con precisión la presencia de los síntomas en su pasado. En aquel entonces ella no tenía las palabras para poder llamar por su nombre a lo que le ocurría.
Camino al diagnóstico
No fue hasta la adultez cuando Cristal comenzó a notar más sus dificultades. “No fue hasta la universidad que yo me di cuenta de que no me podía enfocar”. Igualmente comentaba: “[…] me aislé bien feo, porque yo pensaba que algo malo iba a pasar, pero era porque yo no sabía que era un trastorno”. Durante los primeros dos semestres de la universidad, Cristal tuvo mucha dificultad para escribir ensayos, tomar exámenes y estudiar. La falta de concentración junto a las avalanchas de pensamientos intrusivos jugó un papel importante para dar el primer paso para buscar ayuda.
El proceso de búsqueda de respuestas no se llevó a cabo de inmediato. Cuando Cristal acudió por primera vez a una psicóloga buscando entender lo que le estaba sucediendo, salió de aquella experiencia todavía sin una respuesta. Según recuerda, al hablar de la posibilidad de tener TOC, la profesional descartó rotundamente que se tratara de este trastorno. Para Cristal, aquella respuesta no terminó con las dudas que ya tenía sobre sus pensamientos; por el contrario, la hizo cuestionarse aún más qué le estaba ocurriendo. “Yo tengo que ser la única persona de este mundo que tiene este issue”, recuerda haber pensado durante ese período. Si aquello que experimentaba no era TOC, entonces sentía que simplemente no tenía nombre. “Yo sentía que era ‘one of a kind’ y es absurdo creerme eso, pero de verdad me lo creía, se sentía súper intenso”. Pasarían alrededor de dos años antes de que Cristal decidiera buscar ayuda nuevamente.
La segunda experiencia fue radicalmente distinta. Esta vez, al comenzar a explicarle a otra psicóloga lo que había estado experimentando, Cristal finalmente encontró una respuesta. “Tan pronto le dije las primeras cosas que me habían pasado, ella dijo: ‘Oh sí, esto es TOC’”, recuerda. Más adelante, el proceso de evaluación también pondría nombre a algo que ya estaba presente desde mucho antes: el TDAH.
Luego del diagnóstico
Después de tantos años batallando con síntomas, ahora por fin Cristal podía darles un nombre. Sin embargo, recibir los diagnósticos no fue simplemente un alivio; fue una sensación mucho más compleja. Al recibir sus diagnósticos de TOC y TDAH, la psicóloga le comentó a Cristal que estos trastornos tienden a ser a largo plazo, es decir, que presentaría síntomas relacionados con sus diagnósticos por el resto de su vida. Fue justo eso último lo que le quedó resonando en la mente durante los siguientes meses. “Me sentí deprimida por los siguientes meses; yo pensaba: […] nunca voy a salir de esto, voy a estar en terapia por el resto de mi vida”. Al conocer sobre la posibilidad de tener que convivir con los síntomas que durante su vida tanta molestia le habían causado, trajo consigo una sensación de que “nunca voy a poder ser ‘normal’”.
Aunque ella comenta sentir a veces el grief de sus diagnósticos, con el paso del tiempo, la manera en que Cristal los miraba comenzó a cambiar. Aceptarlos también significó enfrentarse a una especie de duelo por la persona que había imaginado que podría haber sido sin ellos. Sin embargo, como ella misma reconoce, aquella persona nunca había existido. “No existía una Cristal sin estas dos cosas”. En medio de ese proceso, las palabras de su padre, quien también fue diagnosticado con TDAH, le ofrecieron otra manera de ver su diagnóstico. Al contarle cómo se sentía, él le recordó que también había pasado por aquel momento turbulento del inicio y que, aun viviendo con TDAH, había podido continuar con su vida. “Tú vas a estar bien”, le dijo. Con el tiempo, Cristal encontró fuerzas en esas palabras. Hoy, al pensar en la versión de sí misma que todavía no sabía lo que ocurría, reconoce que probablemente no creería todo lo que ha logrado desde entonces: “Maybe no va a salir como tú piensas que va a salir, pero vas a estar bien”.
En la cotidianidad, el TOC y el TDAH continúan presentando retos para Cristal. Procrastinar, llegar tarde a algunas clases, revisar repetidamente ciertas cosas o necesitar más tiempo para completar una tarea son algunas de las dificultades que describe. A esto se le han sumado sentimientos de culpa e inseguridad por no sentirse merecedora de sus logros, lo que la lleva a cuestionar sus propias capacidades. Sin embargo, esas dificultades no cuentan por sí solas la historia de Cristal. Durante su trayectoria universitaria ha mantenido un promedio académico alto, fue seleccionada para una beca que la llevó hasta Alemania, y prontamente está por concluir su grado de bachillerato. Con el tiempo, ha aprendido que funciona a un ritmo distinto y, aunque continúa siendo exigente con lo que quiere alcanzar, comprender su propio ritmo le ha permitido tratarse con mayor compasión. Especialmente en esos momentos en que las cosas no salen como espera, ella suele decirse: “[…] no lo hiciste ayer, pero lo hiciste hoy, ¿sabes? Vas bien”.
Romper con el estereotipo del TOC y TDAH
Hablar de TOC y TDAH también implica mirar más allá de los estereotipos que suelen acompañarlos. Es común asociar el TOC con limpieza obsesiva, el orden, la necesidad de alinear objetos; sin embargo, muchas de sus manifestaciones pueden pasar completamente desapercibidas desde afuera. La experiencia que describe Cristal se aleja de la imagen del TOC limitada a la limpieza o al orden; gran parte de lo que ocurre puede permanecer invisible para quienes la rodean: pensamientos, miedos y compulsiones que suceden dentro de su propia mente. De manera similar, su experiencia con TDAH se aleja de las etiquetas comunes como “despistada” o “vaga”, y puede más bien implicar dificultades para organizar tareas, mantener la atención o manejar una pluralidad de pensamientos a la vez.
En el caso de Cristal, ambos diagnósticos pueden encontrarse en un mismo espacio: su mente. Ella describe momentos en los que el TOC y el TDAH parecen hacer team up, mientras sus pensamientos avanzan “a mil por hora”. Conocer historias como la suya permite ampliar nuestra mirada sobre lo que puede significar navegar el mundo siendo neurodivergente y, sobre todo, recordar que no todo lo que una persona carga consigo es visible a los ojos de los demás.
Conclusión
Los pensamientos, sin duda, no han dejado de correr “a mil por hora” y la cabeza puede seguir sintiendo que tiene mil cosas a la vez, pero Cristal continúa aprendiendo a navegar los retos que vienen con sus diagnósticos. No obstante, aquella joven que creció sintiendo que era la única persona que experimentaba lo que sentía hoy puede mirar atrás y reconocer cuánto ha avanzado. Su historia no concluye con un diagnóstico, sino que ha continuado con cada oportunidad, dificultad y logro que ha venido después. Como ella misma asegura, “hay una luz al final del túnel”. Quizás los pensamientos continúan sintiéndose como aquella multitud de personas del comienzo, pero ahora Cristal sabe algo que antes no sabía: aun en medio de ellos, puede seguir caminando.
