¿Alguna vez te ha pasado que lees y lees el material, pero pareces no retener nada? ¿Tienes un examen pronto, una presentación pendiente, varias lecturas por realizar y tareas que no has tenido oportunidad de comenzar? ¿Te sientas frente a la computadora y, al parecer, las letras no se encuentran en el papel?
No cabe duda de que la universidad representa y es un espacio de desarrollo, crecimiento, oportunidades y preparación para el futuro. No obstante, también está lleno de muchísimas responsabilidades, cambios, decisiones y expectativas que pueden llegar a ser como una avalancha de información. Mientras nos sumergimos en todas las clases, trabajos, exámenes, presentaciones, asociaciones estudiantiles, trabajo comunitario, etc., nos olvidamos de nuestra vida personal, social y del tiempo para nosotros mismos. En medio de todo este proceso y todas nuestras responsabilidades, ponemos en segundo lugar y como algo opcional el cómo nos sentimos.
Sabemos que la vida está llena de emociones diversas, pero ¿las emociones se ven envueltas en nuestro rendimiento académico? La respuesta es sí, en un reporte por Rafael Bisquerra expresa que, “la emoción y la cognición son inseparables”; las emociones dirigen nuestra atención a lo que, a su vez permite una mejor focalización para adquirir y consolidar los aprendizajes en la memoria. En palabras sencillas, las emociones juegan un rol importante en nuestro desarrollo académico. Por añadidura, las emociones desempeñan un papel fundamental en la vida de los estudiantes, influyendo directamente en su proceso de aprendizaje y rendimiento académico. Determinar cuáles son esas emociones que afectan el rendimiento académico resulta en una tarea fundamental para garantizar y mejorar nuestro desarrollo profesional en el ámbito académico; esto, puesto que no todas las emociones son negativas y mucho menos afectan nuestro desarrollo y desempeño académico. Esto se debe a que podemos sentir emoción cuando comenzamos un nuevo semestre, cuando dominamos un tema y cuando logramos una meta. Pero también podemos sentir frustración cuando no entendemos el tema, miedo al tomar una decisión, estrés al tomar un examen y satisfacción al completar un proyecto o, por el contrario, podemos sentir decepción cuando algo resulta como no esperábamos. Todas estas emociones son válidas y forman parte de nuestra travesía como estudiantes.
“Emoción y motivación son anverso y reverso de la misma moneda”- Rafael Bisquerra Alzina
Estamos tan acostumbrados y hemos normalizado el invalidar nuestras emociones y pensar que tiene que haber una separación entre la vida personal con la académica que parece no importar lo que pasa en nuestra propia vida, tenemos que seguir. Muchas veces estamos agotados, preocupados, tristes, frustrados y estresados; pero seguimos porque tenemos la idea de que tenemos que poder con todo, pase lo que pase, para lograr nuestras metas. Pero en realidad, no somos máquinas y no tenemos que vivir como si estuviéramos trabajando en producción. Somos humanos y no todos los días nos vamos a sentir igual y mucho menos van a suceder las mismas circunstancias. Que un día nos pese hacer algo más que otro día, no significa que no queramos nuestra carrera, que seamos “vagos/as”, que no nos importe nuestro futuro o que estemos perdiendo el tiempo; sino que simplemente estamos cansados y eso es válido.
“Hay emociones que ayudan a aprender, como la curiosidad, pero otras limitan el aprendizaje, como el miedo…” – Rafael Bisquerra Alzina
La vida universitaria suele estar en un sube y baja de emociones y puede parecer una montaña de responsabilidades. Mientras intentamos continuar con todo lo que exige nuestra carrera y responsabilidades académicas, también pueden estar sucediendo muchas otras cosas en el hogar, problemas familiares, económicos, personales, cambios en nuestra vida social y personal, o simplemente nos sentimos que en la etapa donde estamos no nos hace sentir cómodos con nosotros mismos. Todas estas emociones que podamos estar sintiendo, ¿influyen en nuestro rendimiento académico? En definitiva, nuestras emociones juegan un rol crucial en el proceso de aprendizaje y con ello, en nuestro rendimiento académico.
No todo tiene que ser color de rosa
A pesar de que la universidad y la sociedad nos han hecho sentir como maquinaria que siempre tiene que estar produciendo y buscando nuevas oportunidades, subiendo el promedio y destacándose en todo momento, debemos recordar que somos humanos y no debemos ser tan críticos con nosotros mismos. Si, tener momentos de vulnerabilidad y críticos en la universidad pueden ser naturales, pero debemos recordarnos que, una calificación no define nuestras metas y mucho menos quiénes somos.
En ocasiones, somos muy críticos, fuertes e incluso nos referimos punitivamente a nuestro desempeño o por cómo nos sentimos. Se reconoce que tener metas es algo positivo, pero la mayor problemática sucede cuando sentimos que a pesar de que trabajemos por ello, no estamos haciendo lo suficiente. Además, cuando solo nos enfocamos en esa meta y nos olvidamos de nosotros mismos, de lo que nos rodea y poniendo a un lado nuestras emociones.
Implementar estrategias de autoayuda y autorregulación es indispensable para evitar que nuestras emociones afecten negativamente nuestro desarrollo académico. No obstante, y más allá de evitar que nuestras emociones nos afecten, debemos recordar que todos somos humanos y que las emociones son parte de nosotros. Recuerda que la misma persona que tiene problemas en su vida personal es la misma que estudia y rinde el examen.
Estrategias para gestionar las emociones
Dominio de las emociones. Conocerte a ti mismo y a tus emociones es primordial para dominar y autorregular las emociones para así, conseguir un aprendizaje eficaz.
Descanso. No somos un robot que no necesita descanso. El sueño es sumamente necesario para todos los seres humanos y no es ,ni debería ser, una opción si se duerme o no. Estar cansados o no dormir no debería ser una decisión por la que se sienta éxito, sino más bien debería ser un indicio de que hay que trabajar en ello para cuidar de uno mismo. Además de dormir, es necesario que se realicen pequeños descansos o pausas, de manera que puedas recargar energías y evitar que emociones negativas te invadan. Recuerda que las emociones negativas pueden afectar desfavorablemente el rendimiento académico de los estudiantes.
Evitar la comparación. Las redes sociales han llegado para quedarse, pero sin duda alguna, hacer un buen uso de ellas es primordial para el óptimo desarrollo. Navegar en las redes sociales puede ser complicado cuando se observan estudiantes que parecen tener toda su vida planeada y bajo control: teniendo buenas calificaciones, oportunidades de prácticas, internados, investigaciones; además, se desempeñan en organizaciones estudiantiles, viajan y tienen una vida social. Esto puede verse como una motivación, pero muchas veces se observa como una comparación que puede resultar negativa. No obstante, debemos reconocer que cada persona va a su ritmo y que esa persona solo está mostrando una pequeña parte de su vida.
Ayuda. Para aprender, también debemos reconocer cuando algo no está funcionando e, incluso, cuando estamos sobrepensando algo. Por eso, es clave establecer redes de ayuda que puedan estar disponibles para nosotros y nos ayuden en lo que necesitemos. Pedir ayuda no significa que no podamos manejar nuestra vida o la situación, sino que reconocemos que necesitamos ayuda para tomar las mejores decisiones y para mejorar.