Si tienes que llorar, llora.

En la vida uno se encuentra diferentes tipos de presiónes que podrían influenciar nuestra manera de ver la vida. Muchas veces, dejamos que estas tensiones se apoderen de cada minuto, incluso dejamos que se apoderen de nuestro estado de ánimo. La sociedad, familia, amistades, parejas e incluso uno mismo presiona y presiona, hasta que ya no puedes más. 

Es ahí donde sientes ese nudo en la garganta y las lágrimas acumulándose en tus parpados. Otras veces, cerrando los ojos y tomando un respiro, era suficiente para calmar el alma y seguir adelante. Sin embargo, esta vez era diferente. Esta vez te diste cuenta, que no podías parar las lágrimas que se derramaban por tus pómulos por más que quisieras. De una lágrima, se desarrolló un sollozo y te abriste a los sentimientos que guardabas por largo tiempo. Dejándolo salir de tu cuerpo con ímpetu, porque la presión en el pecho era demasiado como para seguir conteniéndolo.

Por esta razón, si tienes que llorar, llora. 

Llora y descubrirás sentimientos y emociones que tal vez hayas olvidado. 

¿No te ha pasado que comienzas a llorar por una cosa y terminas llorando por algo completamente diferente? 

Esto sucede porque no te das la oportunidad de liberar tus emociones cuando se desarrollan. He sido testigo, una y otra vez, del poder curativo de las lágrimas. Las lágrimas son la válvula de liberación de tu cuerpo para el estrés, la tristeza, el dolor, la ansiedad y la frustración. Estas, ayudan soltar los años de sentimientos acumulados. 

Muchas veces preferimos mantener estas emociones lo más lejos posible. Lo vemos como debilidad, cuando en realidad es todo lo contrario. Cuanto más profundices, mejor podrás conocerte a ti mismo/a y más libre serás. No tengas miedo de descubrir tus miedos y deseos más profundos. Solo llorando en estos momentos puedes sentirte verdaderamente libre.

Este año me enseñó el poder de dejar ir y llorar cuando tenga que hacerlo. Se siente purificador, una forma de purgar las emociones acumuladas para que no se alojen en el cuerpo como síntomas de estrés como fatiga o dolor. Para mantenerme saludable y liberar aquello que me impide seguir, calmar la mente y ver el mundo con otras gafas. 

Las lágrimas, no son símbolos de derrota o debilidad. Comencemos a ver las lágrimas como un signo de coraje, fuerza y autenticidad.

A veces olvidamos que nuestra mente y nuestro cuerpo están conectados, tratándolos como dos cosas completamente diferentes. Este es un grave error porque cuando la mente se afecta, el cuerpo también.

Así que como una buena ducha limpiará tu cuerpo, las lágrimas limpiarán el alma. Después de llorar, te sentirás liberado/a, tendrás más energía y ganas de seguir adelante, no importa lo mal que parezca todo. Esto también te permitirá encontrar qué te esta haciendo daño. El siguiente paso será crear una estrategia para avanzar y solucionar tus problemas no resueltos. 

¡No pares! llora tanto como necesites, luego sigue avanzando. Después de todo, también hay lágrimas de felicidad.

Llora no solo por tu salud, también hazlo para ponerte en contacto con tu lado más humano. No te sientas avergonzado/a de tu necesidad de llorar. No hay una razón real para evitarlo. Olvida la idea de que llorar es malo y permítete sentir.