“The Maranta Wars”: Crónicas de una vida con rizos en Puerto Rico

“The Maranta Wars”: Crónicas de una vida con rizos en Puerto Rico

   “¡Ésta muchacha tiene tremenda maranta de pelo!” Así le dijo la estilista a mi madre cuando me llevó por primera vez al salón de belleza a principios de los 2000’s. Curioso me pareció escuchar en ese momento como mi cabello tenía un nombre propio tan particular. “Mi Maranta”. De niña, había asumido que dicha palabra se utilizaba para denominar con orgullo mi estilo de cabello. No obstante, estaba equivocaba. Fue tiempo después, que entendí que aquel extraño concepto se utilizaba como referencia despectiva para el cabello que poseía rizos, ondas y/o mucho “volumen”. Esto se debe porque en aquel entonces, se había preconcebido que el cabello con mayor ausencia de rizos u ondas era el estándar de belleza ideal para las mujeres puertorriqueñas. Por tal razón, la “Maranta” fue un concepto meramente creado para señalar lo indeseable en mi contexto sociocultural, y pasé de sentirme especial a sentirme como una simple muggle.

Meeting the “Blower-nator”

   “Con un alisado y un buen blower, no tendrás más problemas con el pelo. Ya verás que te va a quedar bien pelo chino.” Fue de esta manera, que conocí en primera instancia al blower-nator. De adolescente, podía pasar aproximadamente (2) dos horas enteras bajo el intenso calor y poder del instrumento de cabello mejor conocido como el “blower”. El blower-nator era la herramienta preferida de las estilistas en los salones de belleza, y su costo era bastante módico. “Pa’ la nena son $20, porque tiene pelo para todo el pueblo.” Cada visita se tornó un proceso altamente reflexivo para mí. Siempre me pregunté por qué me tocó vivir con un pelo tan “marantoso” y tan difícil de manejar. “¿Por qué mi pelo es malo? ¿Qué tiene de malo?” Aún recuerdo, lo raro que era contemplar las series de televisión y películas norteamericanas de los 90’s como “F.R.I.E.N.D.S” (1994), “The Nanny” (1993), “Pretty Woman” (1990) y “Batman Returns (1992)”, donde algunos de los papeles interpretados por mujeres poseían cabello tipo “marantoso”. Inclusive hoy día, aún me causa mucha risa el recuerdo de un episodio en particular de la serie de televisión “The Nanny” (1993) titulado “Kindervelt days”, donde el personaje femenino principal llamada “Fran” va de camino en motocicleta hacia una fiesta importante y de repente, su cabello “marantoso” se vuelve más lacio por el uso del casco de seguridad. Esto tiene como resultado que Fran se sienta incómoda al mirar que tiene pelo “lacio” en vez del “marantoso”. De igual forma, el resto de las mujeres allí presentes comienzan a burlarse de ella por tener dicho estilo de cabello. “¡Qué ironía!”

The Plancha Killer Strikes Back

   Años más tarde, luego de haber sentenciado mi cabello a conocer innumerables veces al blower-nator (bajos los efectos parecidos de un síndrome de Estocolmo), me tocó conocer a un nuevo enemigo; la plancha killer. El blower continúo siendo parte de los instrumentos más utilizados en los salones de belleza. Sin embargo, tiempo después, se promovió de forma escalonada el acompañamiento del instrumento mejor conocido como la “plancha” dentro de dicho espacio. Esta herramienta era muy efectiva para eliminar las proteínas del cabello que enriquecían a los rizos naturales. Sin mencionar el uso de decenas de tratamientos y productos de cabello que poseían químicos diseñados para contrarrestar el crecimiento de las ondas naturales. Como consecuencia, la plancha killer contaba con suficiente apoyo para destruir mi pelo marantoso sin necesitar la ayuda de “Jason Voorhees.”(1980)

 The Nightmare of Dubi Krueger

   “Orita te voy a enseñar a cómo hacerte un dubi. Nena, te va a quedar espectacular. Molesta un poco, pero te quedará de show.” ¡y qué mucho dolió el Dubi Krueger! Todavía recuerdo el gran proceso tedioso que era colocarme paso a paso las hebillas, mejor conocidas como “Dubi”, en mi cabello. Dichas hebillas eran utilizadas por las estilistas para no maltratar al cabello y prolongar su expresión tipo “lacio” inmediatamente luego de haber utilizado la técnica del blower. Mi cabello podía aguantar aproximadamente de 6 a 8 hebillas, las cuales tenían que permanecer por largo tiempo. Inclusive, hasta para dormir. Como efecto, comencé a asociar dichas  hebillas con el guante que poseía el famoso villano de horror “Freddy Krueger” (1984), porque su uso me provocaba muchísima ansiedad al tener que dormir con ellas. Sin embargo, debo admitir que fue interesante presenciar como en nuestra cultura puertorriqueña se había aceptado el uso del dubi en diversos espacios cotidianos sin limitarlo a los salones de belleza. Por ejemplo, las mujeres puertorriqueñas podían usar su dubi mientras realizaban sus compras en los centros comerciales, o mientras hacían sus visitas médicas. Todo con el propósito de optimizar su estilo de cabello, y eliminar a toda costa, cualquier indicio de pelo marantoso. “Puedes ir al mall si quieres, lo que no puedes hacer es que se moje el pelo. Anda siempre con sombrilla..”

The Rise of Maranta

   Afortunadamente, la sociología y la antropología me ofrecieron mayor conocimiento para poder comprender cómo la formación de significados culturales sobre el cabello se daba de formas sutiles a través de los miembros de una sociedad y tiempo particular. En nuestro caso, las construcciones sociales sobre el cabello “malo”, se filtraron a través de lxs miles de puertorriqueñxs que generaron y validaron los estándares de belleza legitimados por las grandes instituciones a través de la socialización. Es decir, nosotrxs como sociedad habíamos establecido un reglón normativo sobre cómo las personas debían de exponer su cabello, y como resultado, moldeábamos a nuestros miembrxs bajo dicho estándar sin ofrecer otro tipo de alternativa para la expresión de su cabello natural. Del mismo modo, le transferimos connotaciones despectivas al cabello marantoso que contrarrestaba el estándar de belleza ideal para manipular a las personas a que erradicaran dicho estilo de cabello no aceptado. “Esa muchacha no se peina, ¡nada más mira esa maranta!” “Estás bien despeina’, se nota que no te cuidas el pelo.” “!¿Vas a dejar que la gente te vea así?!” “Necesitas verte presentable para los clientes. La próxima vez, amárrate el cabello o plánchatelo.” “Pareces una Amanda Miguel a lo loco.” “Los hombres no se fijan en chicas así.” Es por eso, que las niñas con “Maranta” iban con mayor frecuencia al “beauty” (salón de belleza) a desnaturalizar sus rizos para favorecer los entendidos sociales de aquel entonces, porque era un proceso totalmente sutil y aceptado. Todo para evitar ser objeto de burla, discriminación, u otredad.

Maranta wins

   Finalmente, me complace compartir que mi Maranta ahora vive libre.  Esto se debe gracias a los contínuos procesos de reflexión y aceptación que pude incorporar en mi vida que me permitieron darle un giro a mis rizos sin temer al juicio social. Del mismo modo, también lo pude lograr dado a que la sociedad puertorriqueña ha podido flexibilizar sus entendidos culturales acerca del cabello rizo, con ondas y/o con volumen, permitiendo así la multiplicidad de expresiones en nuestra actualidad. En conjunto con la producción de mayor cantidad y accesibilidad de productos diseñados exclusivamente para este estilo de cabello tales como “Kinky-Curly”, “DevaCurl”, “SheaMoisture”, y otros productos comerciales porque, ¿saben qué? “¡Las marantas ahora están de moda!” Afortunadamente, las marantas pueden continuar rejuveneciendo sus proteínas en ausencia de los blower-nators, plancha killers y dubi kruegers. “¡Sientete orgullosx, porque tu pelo es especial!”

Si esta historia es parecida a la tuya y/o deseas empoderarte… te invito a que le eches un ojo al espejo, y que dejes libres a tus rizos, porque como dice mi querida amiga Gloria Trevi, no hay nada mejor que soltarse el cabello, vestirse de reina, ponerse tacones, pintarse y vernos estrambóticamente bellas.

May the Maranta be with you!