Hábitos y conductas que podrían influenciar en la obesidad infantil

Los modelos de alimentación, las preferencias y el rechazo hacia determinados alimentos se encuentra fuertemente condicionados durante la etapa infantil por el contexto familiar; puesto que es en este periodo cuando se adoptan la mayoría de los hábitos y practicas alimentarias. Domínguez indica que los progenitores influyen en el contexto alimentario infantil con modelos permisivos, con la elección de los alimentos de sus hijos y en aspectos tales como el tipo, la cantidad, el horario y, así como, la edad en que se introducen los alimentos. Debe resaltarse, que casi el 50% de los(as) niños(as) presentan un problema de malnutrición por defectos o por exceso, lo que pone de manifiesto una elevada necesidad de atención nutricional a estas edades.

Los modelos de alimentación infantil aplicados por los progenitores están basados en la disponibilidad de alimentos en el hogar, las tradiciones familiares, y el acceso a medios de comunicación. Las exposiciones repetidas del niño(as) a estos modelos familiares crean una asociación determinada a ciertos alimentos con eventos específicos como, por ejemplo: las fiestas o los castigos. Como consecuencia del reforzamiento positivo de las experiencias de alimentación, los niños adoptan las preferencias alimentarias y costumbres familiares que le resultan agradables, seleccionando así las conductas que repetirán en el futuro. Por otro lado, la constante exposición a la publicidad de alimentos y bebidas de alto contenido calórico, ricos en grasa, azúcar y sal; así como una gran oferta de este tipo de alimentos en todo lugar al que los niños concurren, ha inducido un cambio importante en el patrón de alimentación infantil.

La actividad física más frecuentes en los(as) niños(as) es la práctica sedentaria, prefieren ver televisión o jugar videojuegos que la actividad física. Esto se refuerza fácilmente por inercia; formando parte de los hábitos familiares y volviéndose más difíciles de cambiar. Diversas investigaciones han observado la gran influencia de la actividad física de ambos padres en el grado de actividad de sus hijos. Los niños de madres activas tienen dos veces más probabilidades de ser activos, y si ambos progenitores son activos las posibilidades de un nivel óptimo de actividad en el niño es de 5,8 veces mayor.

El trabajo que tengan ambos padres va a influenciar grandemente el menú familiar. Cuando se lleva un estilo de vida ajetreado muchas familias optan por adquirir sus comidas en un restaurante de comida rápida fast-food. Desde el 1990 hasta el presente las familias suelen separar aproximadamente 47% de su ingreso para comer fuera del hogar. Si los niños (as) son llevados a comer fuera sin unas reglas de alimentación previamente establecidas como, por ejemplo: uno de los dos complementos debe ser un vegetal, sufren el riesgo de tener una pobre nutrición. La familia moderna toma decisiones sobre la alimentación en forma de negociación con los niños. El contacto social actual ha dado a lugar a que los planes sobre la alimentación sean discutidos frecuentemente entre padre e hijo, por lo que las decisiones finales, como en donde se comerá, se ven condicionadas por la insistencia o por la manipulación de los menores.