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This article is written by a student writer from the Her Campus at Albizu chapter.

¿Qué experiencia buena tuviste hoy?

 

Es lindo que nos pregunte sobre las cosas buenas que vivimos. Por alguna razón siempre nos toma un poco de más tiempo rebuscar en nuestra memoria aquello bueno que experimentamos en el día. Si te preguntara por aquello no tan bueno que pasaste hoy, quizás tendrías una lista bastante larga. Sabes, muchas veces es más fácil enfocarnos en las cosas difíciles de nuestra rutina o en las fallas de las otras personas, pero, ¿acaso hay alguien perfecto? .Ya conocemos la respuesta a la pregunta, estamos hechos para fallar, pero no para quedarnos en las fallas o en la dificultad de la vida. Estamos hechos para aprender de lo que nos ofrece la vida para experimentar, de las dificultades y de las personas que nos fallan a diario.

 

En todo hay un aprendizaje, quiero darte un ejemplo de vida; hace unas cuantas semanas actúe impulsivamente hacia un amigo y no maneje bien la situación. Ya me sentía cansada de quedarme callada y explote de manera abrupta. Pasan los días y entiendo que falle y me sentía tan mal por ello. Continuaban pasando los días y no podía enfocarme en las cosas buenas que me ocurrían porque repetía constantemente en mi memoria lo que hice. Entiendo que en ese momento actúe bajo miedo y no lo supe manejar convirtiéndose en un impulso. No quería pedir perdón porque sentía que, aunque estuve mal la otra persona también y se tenía que disculpar y eso no pasaría. Esto era lo que yo esperaba, pero eso no significaba que iba a ser así.

 

Supe que definitivamente en algo me había equivocado, pero había algo bueno que debía sacar de eso y era el pedir perdón para sanar y no esperando que la otra persona lo hiciera sino porque entendía que me había equivocado, había fallado y necesitaba dejar ir aquello que me dolía y enfocarme en lo bueno de la vida. De esta experiencia dolorosa saque lo mejor, falle, pero aprendí a pedir perdón y si no hubiera pasado quizás no habría dejado mi ego aun lado.

 

¡Qué vivan las fallas para aprender!